la vida y los tiempos de

Saltimbanqui

Hablando del saltimbanqui, me doy cuenta que poco a poco elijo los caminos de la embriaguez. No hace falta ocasión, —jueves, viernes, sábado, domingo—, que no tenga al menos una lata de cerveza (en promedio es una) en mi mano. Esta actividad relaja los ímpetus, pero también me orilla a sentirme afectado por lo que parece ser el inicio de una adicción alcohólica.

Nada

Pregunta del día: ¿Para quién escribo? ¿Para mí, o para aquel lector distraído que llega (si es que llega —en realidad no me importa, me divierto a solas, como aquel saltimbanqui que se embriaga a solas, viendo la luna) a estos rumbos mamertos?. Respuesta: Para ambos. La vanidad no me deja, es una ardua enemiga que no deja en paz. Requiere de un suave masaje en la cabeza: Ah, qué inteligente eres. Lo mejor es escribir, luego olvidar. Aquí no pasa nada. Aquí nunca pasó nada.

Sangre

Mi modelo uruguaya en ocasiones utiliza pantalones ceñidos y sus grandes formas salen a relucir como una melodía de buen gusto en una noche de verano. He visto a hombres que detienen su actividad en la vía pública y le echan un ojo salvaje, como si sus ojos fueran cámaras de video queriendo captar una escena de un paisaje natural.

—Eres tan bella que detienes el tráfico —le dije un día. Ella se tapaba el pantalón con una chamarra de levis—. No tienes que taparte con un cinturón de castidad. No me importa que te vean los machos del corral.

—Porque este pantalón es de manta, y me acaba de bajar. Tengo una mancha.

En ese momento, su cuerpo de diosa se tornó corrupto y deplorable. La sangre visual no alza la temperatura y mis ojos temerosos vieron una mancha de una pulgada de diámetro contaminando la estética de unas nalgas antes impecables.

Toda la noche

Anoche mi modelo de Uruguay especuló mi entidad con sus manos y boca. Una sesión de duración. Una sesión de televisión. Pasaban un programa y todo estaba bien. Podíamos ver el programa y continuar la faena. De esta manera se dura más tiempo. Uno puede durar toda la noche. Toda la vida.

Literatura mezquina

Lo más radical es no escribir. Llevo un tiempo sumido en estas circunstancias, y me satisface de sobremanera. Me siento pleno, lleno de mi propia dicha, una seguridad que me pone listo para enfrentar otras cosas, como ser buena persona. Ciertamente, la literatura es una actividad mezquina.